domingo, 2 de septiembre de 2012

PARA TODA LA VIDA (Concurso Relato Erótico 2012)



- LLEVAS toda la noche mirándome, me recriminó aquella veinteañera por mi comportamiento voyeaurista de aquella noche.

Y tenía razón. Aquella rubia de media melena, ojos verdosos y algo más de metro y medio de estatura, había cautivado toda mi atención. En una discoteca a rebosar de gente, mis ojos no dejaban de buscarla: hablando en la barra, bailando en la pista, yendo a los aseos,… Acompañada siempre por mi mirada más lasciva.

- Soy escritor y las chicas guapas como tú son las protagonistas de mis relatos, contesté intentando impresionarla. 

Mi respuesta debió de gustarle porque una sonrisa aparcó en su cara. En doble fila. Un vestido azul corto mostraba sus bonitas piernas y unos zapatos de tacón realzaban su juvenil figura. El retrato lo completaba un culo precioso y unas tetas aniñadas, talla 85. Aunque lo que me enamoró de ella fue su acento andaluz, un deje entre gracioso y sensual que la hacía mucho más resultona y simpática.

- Así que eres escritor. ¿Y sobre qué escribes?, preguntó.

- Sobre personas como tú, le contesté.

- ¿Y qué puede interesarle a un escritor de las personas como yo?

- Todo. ¿Qué te parece si te vienes conmigo y haces de modelo?

- ¿De modelo? Creía que el servicio de una modelo solo lo requerían los pintores y los escultores.

- Los escritores necesitamos de modelos para describir situaciones difíciles de imaginar. A simple vista podría decir que eres una chica guapa, elegante, sensual, divertida… Pero no sé si tienes novio, dónde trabajas, … Quiero escribir mientras te tocas, cómo disfrutas con el roce de tus manos, …

Aquel comentario tan subido de tono no pareció impresionarle.

- Interesante. ¿Y qué obtengo yo a cambio?

- Disfrutarás de una experiencia única. Y por supuesto, algo de dinero. Seguro que te viene bien, dije con arrogante seguridad.

- El dinero siempre viene bien. ¿Y de qué cantidad estamos hablando?

- Cien euros por sesión.

- Sin sexo, apuntilló.

- Sin sexo, si tú quieres.

- Sonrió, para después de unos segundos contestarme:

- Está bien. Acepto.

Recogimos los abrigos del ropero y abandonamos aquel lugar cuyo ensordecedor bullicio, asqueroso para mantener conversaciones existenciales, era un caldo de cultivo perfecto para este tipo de relaciones esporádicas, instintivas, de una noche. Media hora más tarde, el taxi nos dejaba frente a la puerta de mi apartamento. Casi no hablamos durante el trayecto. Sólo algunas frases sueltas acerca de la lluvia y de las luces que iluminaban Madrid en noches como esta. Entramos, le quité el abrigo y lo colgué en el perchero.


- Nunca había estado en el piso de un escritor, dijo mientras lo observaba todo.

- ¿Y qué te parece?

- Interesante, contestó mientras se acercaba a la estantería y cogía un libro.

- “La soledad de los desheredados”.

- Lo he escrito yo, dije orgulloso.

- ¿Y de qué trata?

- De una chica como tú que me acompañó una noche como esta. 

Abrió el libro por una página al azar y leyó en voz alta:

- “Le apasionaba el sexo oral, al natural, libre de las ataduras del preservativo. Odiaba el olor a goma, más incluso si estaba disfrazado de sabores artificiales. Su número favorito era el 69 y la sumisión, pocas veces la vi tomando la iniciativa, la volvía loca. Gozaba a cuatro patas; que le azotaran el culo y le tiraran del pelo mientras le daban por detrás. Porque a Lidia le encantaba follar y que la follaran… Que la follaran bien”.

- Y a ti, ¿cómo te gusta el sexo?, le pregunté.

- Con amor.

- Te daré todo el amor de mis noches más solitarias. Hoy eres mi musa.

Nos besamos. Entramos en la habitación y le pedí que se desnudara. Lentamente.

- ¿Y el dinero?, preguntó.

- Toma, aquí tienes mi cartera. Sírvete tu misma.

Cogió cien euros. Era lo que habíamos acordado. Mientras, yo observaba tumbado en la cama sin perder detalle. Cuando estaba completamente desnuda le dije que se tocara para mí. Y así lo hizo. Sin apartarme la mirada empezó a acariciarse sus tetitas, simulando el imposible acto de llevárselas a la boca y chupárselas con la lengua. Su coño rosado, totalmente depilado, empezó a dilatarse con las caricias. Se humedeció el dedo índice y con meticulosa precisión se lo introdujo poco a poco, sin prisa. Lo sacaba y lo metía con la suavidad sublime que conduce al jadeo.

- ¿Estás tomando nota?, me dijo.

Me saqué la polla del pantalón y empecé a tocarme. Ella cerró los ojos.

- ¿En qué estás pensando?, le pregunté curioso.
           
- Pienso en mi novio. En la buena polla que tiene.

Esa respuesta me dejó algo distante. Ella siguió tocándose.

- ¿Puedo acariciarte los pechos?, pregunté excitado.

- Sí.

Me levanté. Seguía con la polla fuera; esa situación no pareció incomodarle. Me acerqué y la acaricié las tetas. Volví a preguntarle:

- Y ahora, ¿en qué piensas?

- En una polla.

- ¿Como ésta?, le dije mientras acercaba su mano izquierda para que la tocara.

- Sí, como esta.  

Estaba muy excitada. Dejó de acariciarse, se puso de rodillas y empezó a comérmela. A los pocos minutos de masajeármela con la lengua como si quisiera hacerla un nudo y de comérmela como nadie me la había comido, me dijo:

- Avísame cuando vayas a correrte. Detesto el semen en mi boca.

A los pocos segundos retiré su cabeza de mi polla con ambas manos. Ella me ofreció las tetas para que acabara allí mi corrida. Un grito inundó la habitación. Ella se levantó, recogió su ropa y se dirigió al baño. Minutos después salió y, lanzándome un beso, se despidió diciéndome:

- Me ha encantado.

- ¿Volveremos a vernos?, le pregunté.

- Seguro que sí. 

Ese adiós puso entre nosotros un portazo de distancia. Me levanté para ir al baño y ducharme. En el espejo había escrito con pintalabios: “Mañana Pacha. 01:00. Besos”. Había dejado los cien euros en la jabonera. A la noche siguiente acudí a la cita y allí estaba, radiante, esperando mi llegada. Y también la siguiente, y la siguiente,…

Después de dos años casados y una novela publicada, ambos hemos cumplido nuestros sueños: ella tiene un marido y yo una musa; una musa a la que ahora le encanta que termine en su boca.

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