ADIÓS, ESA PALABRA SIN SENTIDO
¿Dónde están los besos que te debo?
EN la solitaria duración de lo irresistible,
cada beso es una herida.
En la nostalgia de los lugares que te habitan
con la urgencia de quien descubre un universo en cada boca,
cada beso es un sex shop.
Y la vida vuelve a comenzar en tus geografías,
donde nos amamos tanto que ya no somos de ningún sitio.
En la proterva soledad de ese amor
al que le han salido las primeras canas,
cada beso es una arruga.
En las hebras procelosas del recuerdo
con la costumbre de quien habla siempre de sí mismo,
cada beso es un espacio sin memoria.
Y en el tarot de lo imposible,
entre el vértigo y la duda,
ayunamos la nostalgia,
como el náufrago que lanza la botella al mar
esperando una respuesta...
Como el perfume de las flores secas
entre las páginas de un libro.
En la humedad salobre del llanto,
donde las crónicas del otoño son tan nuestras,
cada beso es un exilio.
En el compromiso de un febrero que no llega,
—que es otra manera de buscar sin encontrarnos—,
cada beso es otro idioma.
Y nos sobreviven los hoteles,
y las puertas sin abrir,
y los relojes atrasados,
y los escaparates.
Y se aprende lo que ya se sabe
para no pensar,
cuando te vas,
que hace tiempo que te has ido.
… … … … … …
Cuando se ama en femenino,
¿qué adiós no es un adiós en vano?


