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miércoles, 30 de diciembre de 2015

2015-12-29 – Los Suaves – Sala La Riviera – Trastienda del rocanrol, el fin de la función



  

El sentimiento más doloroso que he experimentado en mi vida ha sido el de la despedida. Decir adiós, máxime si es a un referente de esperanza, me ha resultado siempre doloroso. Sé que no resultará fácil despedirse (¡para siempre!) de “Yosi” y compañía, aunque cuando la música termine quedarán los recuerdos, los buenos recuerdos. Y de eso quiero hablar.


Las puertas de la madrileña sala La Riviera volvieron a colgar el cartel de “sold out” para acoger al grupo más grande que ha parido Galicia. A las siete y media de la tarde ya se respiraba el manso olor a despedida – la espera se amenizó con canciones de Motorhead en un claro homenaje al ya legendario Lemmy -, aunque también se percibía el aroma que impregnan las cosas que dejan huella, aquellas que realmente importan. Y se dieron cita las canciones, y las emociones, y las penas, y las alegrías, y la ilusión, y la amistad,… y la memoria.


Una hora más tarde, a las ocho y media, sonaba la solemne intro - “Les Preludes” del compositor Franz Liszt – preludio del tema “Preparados para el Rock n Roll”. Sin otorgar un ápice al descanso acudirían a su obligada cita “Cuando los sueños se van”, “Palabras para Julia”, el visionario poema de Juan Goytisolo hecho música, y “Maldita sea mi suerte”.

“Gracias por estar ahí. Hemos venido a cumplir una promesa, cuando deberíamos estar curando nuestras heridas”, nos confesaba un emotivo “Yosi”, entregado siempre (y como siempre) al espectáculo.
Mis primeros discos de Los Suaves
“Esta vida me va a matar” y “Frankenstein”, (este último me gustaba más cuanto más lo escuchaba), fueron mis primeras adquisiciones discográficas del grupo orensano. Muy poca gente los conocía. El primero no puede faltar en cualquier fonoteca que se precie digna de calidad porque destila ilusión, valentía, poesía urbana y muchísimo rocanrol.

Después de inundarlo todo con una agradable lluvia de confeti interpretarían los temas “No puedo dejar el rock”, “Viajando al fin de la noche”, “¿Sabes?, ¡Phil Lynott, murió!” y la sublime “Siempre igual”. Para entonces las lágrimas ya se habían apoderado de nuestros ojos. 

Un disco redondo
El tercero, “Ese día piensa en mí”. Con él Los Suaves (im) pusieron su banda sonora en mi vida. Les consagró. La placa da cobijo al himno por excelencia del grupo: “Dolores se llamaba Lola”. 

Tampoco quisieron faltar a su cita “Si pudiera”, – “Phil Lynott  murió, Lemmy falleció ayer y yo no me encuentro muy bien de salud”, bromeaba “Yosi” antes de presentarnos el tema “Malas noticias” - y “Pardao”, en el que el frontman se hizo acompañar por la calidez de una guitarra acústica. El interminable solo de guitarra a cargo de un incombustible Alberto Cereijo hizo que los presentes corearan su nombre. Rebosantes de sentimiento sonaron también “Mi casa es el Rock n Roll”, “El afilador” y “Dolores se llamaba Lola” - el hit por excelencia de los orensanos -, con el pusieron punto y seguido, hora y media más tarde, a una incólume actuación.

Dolores se llamaba Lola
Y Lisa, y Julia, y María, y Sara,… Mujeres convertidas en un indómito deleite que fluía al aprenderme las letras de las canciones que las inmortalizaban.
Después de un minuto de merecido descanso el quinteto regresaba al escenario para interpretar “San Francisco Express”, tema que enlazaron con “Dile siempre que no estoy” – “Yosi” “regaló” al respetable la armónica -,  y “Ya nos vamos”, que dio pie para realizar una nueva pausa.

Un sueño hecho realidad
El día 24 de noviembre de 2010 es una fecha escrita en rojo en el calendario de mi memoria más musical. Ese día un siempre atento Charli Domínguez se entregaba a la tertulia. Su testimonio quedó para siempre plasmado en un libro, “Mamá, quiero ser artista”. Entre otras muchas cosas el bajista me confesó que le gustaría ponerse “a la salida de cada concierto y darles un abrazo a todos los fans. Los fans nos han llevado siempre en volandas, en los buenos y en los malos momentos”.
“Villancico Suave”, aderezado con un par de "familiares" Santa Claus que volvieron a empaparnos de confeti (y lágrimas), “Dulce castigo” y la simbólica “La noche se muere”, que alargaron hasta la saciedad en perfecta metáfora de la complicidad que tienen con el escenario (parecía como si no se quisieran marchar), dieron por finalizado un concierto emotivo a la par que sublime. Casi dos horas en las que “Yosi”, Tino, Alberto, Fernando y Charli nos hicieron sentir el rocanrol. Porque eso es lo que somos.

Un concierto inolvidable
Todos a los que he asistido (y han sido muchos). Aunque este último será para siempre.

Parece que aún fue ayer... y ya se están despidiendo. Ata entón. Ata sempre.

P.D.: Perdón por la afonía de mis palabras. Después de sentir las canciones como mías, pienso (creo) que están totalmente justificadas. Las fotografías son obra de José “El pulseras”, un lucense de pro.

“Aquí acaba la historia del fin de un recital.
Aunque todo vaya bien ¡qué triste es el final!
Una vez me dijeron, por favor escuchad,
que la mayor tristeza es ver a un amigo marchar
".

sábado, 21 de abril de 2012

Estudio Report del disco de Niña Malvada

El panorama musical se alimenta a diario con apuestas tan variadas como interesantes, apuestas que en la mayoría de los casos y para desgracia de la música, son fagocitadas y caen en el olvido para siempre, culpables del único delito de lanzarse sin red al vacío de un mundo, el de la música (¿negocio de la música?), más preocupado en vender que en deleitar. Entonces, ¿qué tiene Niña Malvada que les haga diferentes dentro de esa amalgama musical? A lo largo de mi dilatada carrera como periodista he tenido la oportunidad de asistir a la escucha en primicia de discos malos, mediocremente malos, buenos, y otros maravillosos que entraban por la puerta grande al Olimpo de las obras maestras desde la primera escucha. Es el caso de Niña Malvada, un grupo que en su primera apuesta musical, vestido por once canciones, han derrochado ganas y talento invitando al que lo escucha a quitarse el sombrero. Chapeau. Decirles, en prejuicio de que parezca que me han pagado por ello, que el septeto – Dannyel Barragán a la voz, Borja Bueno a la batería, Alberto L. Garrido al bajo, M. Angel Tanetti y Javier Balmoral a las guitarras y Noemy Martínez e Irene Arias a los coros -, destila amabilidad y cercanía por los cuatro costados y eso les hace, como poco, bastante interesantes.

El primer viernes de marzo se nos citaba a un puñado de periodistas en los acogedores estudios Tatami, situados en la madrileña localidad de Boadilla del Monte, para asistir a la escucha de siete de los once temas del disco de Niña Malvada, de los cuales cinco, a primera escucha, me parecieron verdaderas delicatessen musicales. Un puñado de canciones que abrazan las grandes producciones de rock americanas, con estribillos frescos y pegadizos y coros muy elaborados pero sin olvidar las raíces hispanas en unas letras cantadas en su totalidad en castellano. El adelanto del disco, que cuenta con interesantes colaboraciones y cuya fecha de salida al público se espera para el 25 de marzo, apostó (y ganó) por que los presentes nos sintiéramos como en casa, haciéndonos partícipes en todo momento del sentimiento más fresco y extrovertido que destila el grupo y que han sabido plasmar en las composiciones. La minuciosa labor tanto de Víctor Martínez a la producción (éste es su tercer proyecto) como de Carlos Hernández “Charly”, a las mezclas, ha conseguido convertir, con mucho talento y más dedicación, un producto en un disco, hartos de “tragarnos” como buenas producciones vacías de calidad y con contenidos poco creíbles; producciones en las que grupos y solistas españoles entregan un cheque en blanco de confianza para que productores foráneos, cuyo nombre supera con creces su talento, hagan discos como churros en vez de churros (de discos) como discos.

Los siete temas escuchados - “Otra noche”, un trallazo de canción idónea para abrir la placa, “Si te vas”, “La más bella princesa”, “Niña malvada”, “V.O.”, “Solo tú”, o “Lágrimas en el bulevar”, beben de los tópicos más típicos de enganchar porque entran en la cabeza como en la cabeza entran el cariño o la soberbia. Tienen prevista que la presentación oficial del disco (amén de otras sorpresas) sea el próximo 20 de abril en la madrileña sala Ritmo y Compás. Le aconsejo, amigo lector, que si quiere ser testigo de una nueva forma de entender la música, directa, glamurosamente desenfadada, con algunas pinceladas gamberras pero sobre todo jovial y divertida, no se pierda la puesta de largo de este disco que promete romper clichés y abrir fronteras. Y recuerde siempre que ser malvado es bello. Mucha suerte chic@s.