lunes, 16 de diciembre de 2013

“Mamá, quiero ser artista”

"Mamá, quiero ser artista" es un libro en el que se muestran las distintas soluciones que ponen, si no fin, sí freno a la precaria situación que sufren tanto la música como nuestros músicos. No lo digo yo, lo dicen ellos: los artistas. Este libro se escribió por y para ellos, para defenderles a ultranza porque con sus canciones se han forjado nuestros valores a golpes de rocanrol. Artistas de la categoría musical de Johnny (Burning), Armando y Carlos de Castro (Barón Rojo), "Juankar" (Boikot), Fernando Madina (Reincidentes), Manuel Martínez (Medina Azahara), "Kutxi" Romero (Marea), "Fortu" (Obús), "El Bode" (Porretas), "Txus di Fellatio" y "Frank" (Mago de Oz), Charly Domínguez (Los Suaves), "Sherpa" (Barón Rojo), "Boni" y Alfredo (Barricada), o "El Drogas" (Barricada - Txarrena), entre otros muchos. Un libro cuyas páginas, ilustradas con las mejores instantáneas de los fotógrafos más relevantes, descubrirán al lector la cercanía y el lado más humano de nuestros artistas, de nuestros ídolos. Y todo envuelto en el halo de encanto que califica a la música y endulzado con anécdotas e impresiones que seducen su lectura. Un libro en el que, además de los artistas, el protagonista es el lector.

“Mamá, quiero ser artista”, un bonito regalo para estas navidades. Puedes verlo y adquirirlo aquí:


Y si eres de Madrid (capital) y lo reservas conmigo a través de mi correo (poesia68@hotmail.com) el precio es de 12 euros. Te ahorras los gastos de envío. En cualquier caso el libro va dedicado y personalizado. ¡Y con marcapáginas!

Booktrailer del libro “Mamá, quiero ser artista”

sábado, 14 de diciembre de 2013

2013-12-13 – Sala La Riviera - Rosendo Mercado – Rory Gallagher que estás en los cielos



Haciendo buen uso del símil futbolístico, diré que Rosendo Mercado no es el mejor jugador del mundo, ni el delantero que marca más goles. Ni siquiera es el más espectacular. Pero todo entrenador le quiere en su equipo porque sabe que el músico “carabanchelero” es tan respetado por sus compañeros como querido por la afición. Y eso, en los tiempos que corren, es mucho decir. La noche del pasado día 13 de diciembre Rosendo nos presentaba su última entrega discográfica, titulada “Vergüenza torera” (2013), y de paso aprovechaba para avivar la llama de nuestra nostalgia más incombustible con un repertorio muy bien presentado, mesurado en los nuevos temas y repleto de canciones de siempre, esas que le han colocado por méritos propios en el Olimpo de la música patria. La crítica y el inconformismo de sus letras son un buen reclamo para que el público, identificado al mil por cien con ellas, le arrope siempre que el músico se cita con él en Madrid. En esta ocasión el respetable tampoco le plantó: ¡lleno absoluto!

A las nueve y cuarto de la noche salía Rosendo al escenario de la sala La Riviera arropado por los siempre fieles Rafa J. Vegas (al bajo) y Mariano Montero (a la batería), dos músicos que acompasan como máquinas de coser las composiciones del de Carabanchel, invitando a los presentes a disfrutar de una noche inolvidable, otra más cuando son ellos los que ejercen de maestros de ceremonias. En las casi dos horas de actuación (menos quince minutos), dieron cuenta de unas envidiables maneras sobre el escenario. Para abrir la caja de las delicias sonoras se eligió “A dónde va el finado”, una canción pegadiza a la que dieron merecida continuidad “Listos para la reconversión” que enlazó con la vacilona y muy coreada “Cosita”, o “Al lodo brillo”. También hubo tiempo para homenajear a Leño, el grupo que germinó el prestigio musical de Rosendo –“Leño pa´ siempre“-, con la interpretación del tema “¡Qué desilusión!”, que el músico dejó cantar al público sumergiéndole en un mar de melancolía que fue “in crescendo” hasta el pitido final cuando sonaron los acordes del archi popular “Maneras de vivir”. Tampoco faltaron a su cita canciones como “Hasta de perfil”, “Muela la muela  - “y si duele, que duela, ¡viva la revolución!” -, “Vergüenza torera”, “Salud y buenos alimentos”, “Masculino singular”, “Flojos del pantalón”, muy solicitada y bien acogida por los asistentes, “Pan de higo” o “Agradecido”, con la que, después de una hora y veinte minutos, se puso punto y seguido a una memorable actuación – “esto se nos ha ‘pasao volao’, como siempre. Un placer. Se os quiere” -. Dos minutos más tarde volvían al escenario para culminar el concierto con cuatro bises -  ...Y dale”, “Majete”,  Navegando” y el ya mencionado “Maneras de vivir”, que el público coreó y bailó hasta la extenuación -.

¿Qué podemos contar de un concierto de Rosendo que no hayamos dicho (y vivido) en tantas ocasiones? Prácticamente nada. La profesionalidad, la cercanía y sobre todo el don de convertir lo complejo en rutina de este alumno aventajado de Rory Gallagher los hacen siempre muy especiales. Algo de lo que muy pocos pueden presumir. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

2013-12-01 – We Rock - Jennifer Batten – Entre la magia de sus dedos y la calidez de su voz

En su primera acepción, la R.A.E. define virtuosismo como el “dominio de la técnica de un arte propio del virtuoso (artista que domina un instrumento musical)”. Así podríamos calificar la relación de Jennifer Batten con la guitarra. En una sociedad como la nuestra controlada por el hombre parece lógico que, desde el año 1987, Jennifer sea conocida como "la guitarrista de Michael Jackson”; una malabarista de las seis cuerdas con una sólida carrera musical, incluidos métodos de guitarra y una graduación en el G.I.T. donde años más tarde impartiría clases como profesora. Su calidad hablaba tan bien de ella que el mismísimo Jeff Beck precisó de su talento en la gira del año 1998. Y eso lo resume todo.  
Para arropar una excelencia musical tan evidente como la de Jennifer se contó con Perfect Smile, un grupo de cinco chavales cuya maestría musical consigue enganchar con un sonido envolvente y dinámico. A las ocho y cuarto de la noche salían a escena para, cuarenta y cinco minutos más tarde y gracias a la defensa en directo de canciones como “Amargo despertar” o “Por el cielo” - que abrazan el metal más progresivo con dulces pinceladas de ritmos latinos o reggae -, demostrarnos a los presentes que son un grupo muy bien conjuntado, que reclama su merecido sitio en la escena musical capitalina y para el que el escenario de la sala We Rock, que no completó ni la mitad de su aforo, se quedó algo pequeño. Apréndanse su nombre: Perfect Smile.   
A las nueve y media de la noche una aclamada Jennifer Batten nos saludaba - “buenas noches. ¿Cómo están ustedes” -, en un castellano muy primitivo pero entendible. Su repertorio, apoyado desde el propio escenario por una pantalla que proyectaba videos tanto de su trayectoria profesional como de su talento fílmico, se basó en sus discos en solitario – “Above below and beyond” (1992), “Momentum” (1997) y “Whatever” (2007) – con canciones como "Cat fight", “In the aftermath“, o “Blues”, combinadas perfectamente con otras que recordaban su paso por la banda del rey del pop - "Medley tribute to Michael Jackson" - o a los malogrados Nirvana – “Smell like teen spirit” -. En su actuación, de poco más de una hora de duración, la guitarrista mostró a un público siempre entregado y atento, distintos estilos y distintas técnicas – bendings, slides o tappings a dos manos -, que simultaneaba con efectos como el wah wah, la distorsión o el delay.
El concierto finalizó a las once y diez de la noche debido a un percance con la rotura de una cuerda - “la primera vez que me ocurre” – que aplazó en casi media hora la actuación, lapsus que la “guitar heroine” aprovechó para charlar con el público contestando a sus preguntas y satisfaciendo su curiosidad. En definitiva, un concierto diferente en el que los asistentes disfrutamos con su técnica pero sobre todo con su sencillez y su cercanía. Y es que cuanto más grande eres, más humilde te muestras.