SI pudieras meterte en mi cabeza
verías trasquilones de esperanza,
espasmos de interés e hipocresía,
jirones descosidos de impotencia.
Si pudieras meterte en mi cabeza
verías que los sueños son mi patria,
que el vuelo de tu falda es mi bandera,
que muero de utopías mal curadas.
Y así paso las noches de mi vida,
aullándole a la luna mis desgracias,
rezando por tus besos que no llegan.
Y así me encuentra el sol cada mañana,
lanzando al cielo pájaros de barro
que el suelo me devuelve hechos añicos.
Porque nunca se deja de soñar.
Porque nunca se deja de morir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario