domingo, 18 de octubre de 2015

2015-10-16 – Sala Katiuska Rock – Concierto A Bajo Zero y Taifa - Si no hay futuro ¡viva el rocanrol!


Era un grupo de esos que ves en un garito por cien pavos; coca, birra y sexo, cresta de almidón, chupa con clavos. Eran cuatro mendas de una intensidad provocadora gritándole al mundo: ¡por fin ha llegado nuestra hora!

Así retrataba el “Maestro” Joaquín Sabina las oportunidades que justifican los cambios de estilo y de otras muchas cosas en los grupos musicales. Una letra que canta mi memoria en noches como la vivida el viernes 16 de Octubre en la sala Katiuska Rock (C/ Idioma Esperanto, 2), un “garito” que, con sentido común y mejor buen gusto, apuesta por la música en directo. Una buena noche de rocanrol en una acogedora sala que casi se llenó para arropar a dos bandas con distintas influencias pero con idéntica actitud.

Empezaron caldeando el ambiente los madrileños A Bajo Zero, un grupo de “puro y duro” rocanrol formado por Carlos a la batería, Laura al bajo, Miguel y Pedro a las guitarras y Óskar a la voz. En sus casi cuarenta y cinco minutos de actuación dejaron muy buen sabor de oídos, aleccionándonos con canciones muy bailables y letras fáciles de recordar. “Perseguido”, “Dame una razón” o “Chica de belleza extraña” son un claro ejemplo de ello. Un quinteto con muy buena actitud y mejor talante para  escenificar un estilo, el rocanrol, muy agradecido aunque con poco aporte más allá de canciones arropadas por, en contadísimos casos, el mensaje de unas buenas letras.

Y tocaban rocanrol, algo inmaduro pero rocanrol, pelín oscuro pero rocanrol, bastante duro pero rocanrol, si no hay futuro ¡viva el rocanrol!”.

Taifa se presentaba en Madrid avalado por una impecable puesta en escena; tres grandes músicos - Luis Massot (voz y bajo), Antonio Medina (batería) y Miguel Maya (guitarra) -, siempre dispuestos al deleite porque sienten la música como pocos. Sirva de ejemplo el de Luis que no dudó en entremezclarse con los presentes para transmitirnos su pasión musical que coincide con la nuestra. Pura adrenalina desprendida por una banda a la vieja usanza donde la fusión es siempre protagonista; y aderezada con el gratificante suplemento de cinco bailarinas - Lady Vamp se hacen llamar – que compiten en belleza con unos temas que enriquecen arropándolos con sus sensuales coreografías. Todo un acierto. Musicalmente, Taifa nos cautivaron con canciones como “Todo mi existir”, primera de su ímprobo repertorio, “Algo más que respirar”, “El color de la Libertad”, “Despertando el silencio”, “Alhambra”, “El jardín de mis secretos” o “Una razón para vivir”, que nos cautivaron con la fuerza y la dulzura que brindan los sonidos perfumados con esencia arábiga y andaluza. Aunque suene arrogante, uno de los directos más contundentes que he escuchado este año.

"Hoy tocan el rap del optimista en vez del blues de la necesidad, hasta en la consulta del dentista suenan por el hilo musical”.

miércoles, 14 de octubre de 2015

"El Pirata" con el libro "Mamá quiero ser artista"



"El Pirata" con el libro "Mamá quiero ser artista", del escritor y periodista musical Amado Storni. Todavía queda algún ejemplar que podéis adquirir en el correo poesia68@hotmail.com o en la dirección: http://editorialcirculorojo.com/mama-quiero-ser-artista/


lunes, 12 de octubre de 2015

2015-10-11 - Calibre Zero + Thundermother – La actitud del rocanrol

Mi infancia son recuerdos de días felices jugando a la pelota, a la rayuela, al escondite. Tardes cambiando cromos de futbolistas legendarios que hicieron del fútbol una pasión: Ochotorena, Chechu Rojo, Del Sol, Rubén Cano,…Recuerdos de calles todavía sin asfaltar, de domingos de cine y botellón. De máquinas expendedoras de chicles, de merienda en el MacDonalds, de inocentes besos a la chica más guapa del barrio, esa que acabó en Proyecto Hombre porque la droga y los barrios (todos los barrios) siempre se han llevado muy bien. Bastante bien.

Faltaban diez minutos para las diez de la noche cuando el cuarteto madrileño Calibre Zero se presentaba ante los fieles entregados al disfrute del rocanrol de una sala We Rock que registró una muy aceptable entrada. En sus cuarenta y cinco minutos de actuación el grupo demostró que su actitud es la idónea para el rocanrol: contundentes, y sobre todo convincentes, dejaron muy claro que estaban allí para trasmitir…y transmitieron. 
Canciones que abrieron las puertas de la delicatessen sonora de su último trabajo - “Si no es ahora ¿cuándo?”, “Con las botas puestas”, la inmaculada “Previa de un nuevo amanecer”, “Tu sola presencia”, que Ricardo maquilla de desgobernada sensualidad -, amén de otras igual de ímprobas rescatadas de sus anteriores entregas discográficas, -“Sin actitud (No hay rocanrol)”, “Nada que perder” o “Rock hasta morir”, con la que pusieron punto y final a una actuación propia de un cabeza de cartel -. Sin querer resultar reiterativo, la intensidad musical del cuarteto – y sobre todo la base rítmica en la que se que apoya su apuesta musical -, recuerdan la precisión de una máquina perfectamente engrasada en la que cada pieza – Ricardo, Miguel, Pedro y Antonio -, se sabe al dedillo su papel. "Chapeau".

Era la segunda vez que el quinteto sueco Thundermother incluía España en su gira, esta vez para presentarnos su último trabajo titulado “Road Fever”. Su propuesta, nada novedosa ya que abraza la seguridad sonora que despliegan los riffs cocinados a la manera de AC/DC, - pegadizos y bailables quiero decir -, deja muy buen sabor de oídos. Clare Cunningham, Filippa Nässil, Giorgia Carteri, Linda Ström y Tilda Stenqvist, que así es como se llaman estas cinco chicas, se subieron al escenario conocedoras de que su repertorio es un atajo seguro hacia el éxito. Con temas como “Man with blues”, “The dangerous kind”, “FFWF”, en la que invitaron a los componentes de Calibre Zero a subirse al escenario para compartir la canción con ellos, “Thunderous”, “Enemy”, “Deal with the devil”, o la potente “Shoot to kill”, sus sesenta minutos de actuación fueron intensos y memorables adornados, incluso, con coreografías milimétricas y una cercanía de agradecer – Filippa bajó del escenario para mezclarse con el público en un trepidante solo de guitarra -. Porque el verdadero carisma del quinteto reside en su trato agradabley en su necesaria cercanía. Y ellas lo saben. Y más después de ser testigos de que el concierto tuvo una amenaza de suspensión debido al ataque de vértigos que sufrió Clare horas antes de su celebración. "Congratulations".


¿Qué ingrediente adereza la salsa de la música para que “un grupo” se convierta en “el grupo”? ¿Unas buenas canciones? Cierto. ¿Una buena actuación? Se da por hecho. "Un grupo" se convierte en “el grupo” cuando su actitud en el escenario, cuando su sentir la música se transmite con naturalidad a todos los presentes. Cuando sus gestos, y sus poses, y sus letras, y sus interpretaciones, emocionan porque con ellos evocan todos y cada uno de esos recuerdos de los que hablaba al principio. Juzguen ustedes mismos.