martes, 27 de septiembre de 2022

¿DE QUÉ SIRVE LLAMARSE ALFONSINA STORNI?

Su marido era insufrible, no así usted, señora. Ya sé que mis palabras adolecen de buen gusto y aun así, anuncian mi despedida. ¿Quiere saber para qué me sirvió su amor? No sabría decirle, ahora que su aliento se perfila tan distante. ¡No lo sé! Ahora que descuento sus latidos y mi vida se muere a la sombra de sus sombras. ¿De qué sirve llamarse Alfonsina Storni si siempre se está sola? Se lo pregunto a usted, señora, ahora que mi voz se viste de mar y mis pisadas quedan quietas en la arena de esta soledad tan mal llevada.

domingo, 18 de septiembre de 2022

DONDE LA IMAGINACIÓN TE LLEVE

   

   PARA dar de comer a cuatro personas con un preparado de carpacho de bacalao con setas son necesarios 400 gramos de lomos de bacalao desalado, 150 gramos de champiñones – en su defecto setas de calabaza -, cuatro cucharadas de aceite de oliva virgen extra, cuatro tomates secos, dos cucharadas de aceite balsámico, una cucharada de mantequilla, una taza de mayonesa, un manojo de berros, sal, pimienta y el zumo de un par de limones. 

   A Malena le encanta cocinar. Perfumada siempre con el peculiar aroma de los alimentos, cocinando es feliz. En la estrechez de los tres metros cuadrados de su pequeño reino culinario viaja con la imaginación a miles de sitios. Y al bañar generosamente los platos con aceite de oliva sueña con el inconfundible paisaje andaluz. Y su olfato se enriquece con el olor amargo de la oliva, y camina entre las hileras interminables de los acebuches que embellecen las lomas, y varea el árbol agitando las ramas y escuchando el sonido sordo del fruto cuando cae al suelo. Y siente en su alma el frío invernal del mes de enero, y la lluvia, y la niebla, y la helada. Y barrido el bancal, limpia las aceitunas. Y mientras sus manos trocean los berros su fantasía viaja a la huerta murciana para sentir el sabor intenso y siempre fresco de las hojuelas lanceoladas de la planta. Y al condimentar los platos, la sal y la pimienta la transportan a lugares exóticos como China o Indonesia.

   Para desalar el bacalao hay que aclarar los lomos bajo un chorro abundante de agua fría. Así se elimina la primera sal. Después se colocan en un recipiente, siempre en un lugar fresco, y se cubren por completo con agua fría durante dos días. El agua se cambiará cada ocho horas. Una vez desalado se coloca en el congelador durante una hora envuelto en una bolsa de plástico para que no se reseque. Así se endurece y se facilita su corte.

   Malena me cuenta que del bacalao se aprovecha todo. "Y es muy beneficioso para la salud", añade. Su delicadeza en la cocina compite en hermosura con su desbordante ingenio. Y al sentir el tacto suave y resbaladizo del pescado se enrola en una embarcación vasca con destino a los caladeros en las gélidas aguas de Terranova y Labrador. "El mejor bacalao es el Gadus Morhua, originario del Polo Norte. Cuanto más fría es el agua mejor es el bacalao", asegura. Y después de atracar en el puerto de Pasajes, su desbordante ingenio la sitúa en uno de los camiones que lo transportan hasta las fábricas donde lo introducen en las cámaras frigoríficas a la espera de su envasado y etiquetado. Malena siempre cocina el bacalao entre los meses de diciembre y mayo. "En esos meses se encuentra en su mayor esplendor". En Navidad, Semana Santa y Cuaresma el bacalao enriquece las recetas de todos sus platos.

   Una vez listo, se procede a limpiar los champiñones cortándolos en trozos muy pequeños, salpimentándolos y regándolos con el zumo de los dos limones. Rellenamos los cuatro moldes y se forran sus paredes con los lomos, que hemos untado de mantequilla, de forma que sobresalgan por los bordes. Se doblan las láminas sobre los champiñones y se desmoldan para su presentación en una fuente o directamente sobre los platos. En un bol aparte se bate el aceite, la sal, la pimienta y el vinagre balsámico hasta que esté todo perfectamente emulsionado. Se riega con la vinagreta resultante para luego colocar encima unas tiritas de tomate seco que serviremos acompañado de los berros.

   "Cocina siempre con aceite de oliva; para las ensaladas, aceite de medio grado de acidez y para cocinar, de 0,3 grados. Para condimentar los platos utiliza tomate natural. En la cocina nunca han de faltar verduras frescas y legumbres; tampoco leche".

    La pasión de Malena por la cocina comienza cuando fallece su madre. Lucrecia, que así se llamaba, muere de un cólico miserere agravado por la ingestión de metales que la receta un médico sin escrúpulos. Recién cumplidos los ocho años Malena es acogida por Angustias, su tía materna. De ella aprende los secretos de la buena cocina. Y la mesura, y la dedicación, y el respeto por las tradiciones culinarias.

    "El bacalao marida muy bien con vinos tintos jóvenes y frescos, caldos que no han pasado el suficiente tiempo en la barrica para ser considerados crianza. También con vinos de maceración carbónica: los de Rueda son idóneos para acompañarlo dada su peculiar frescura y su equilibrada acidez".

    Para Malena cocinar era igual que viajar; apartarla de su pequeño cubículo culinario era peor que amortajarla. Sus platos se aliñaban de imposibles que se hacían realidad en la boca de sus comensales cuando los degustaban. Nunca conoció los miles de sitios a los que la llevaba su imaginación pero la cata de sus platos evocaba sentimientos añadidos que eclosionaban los sentidos con las sensaciones que ella había experimentado al cocinarlos. ¿En qué pensaba Malena cuando no cocinaba? No lo sé. Estaba tan inmersa en su universo particular que descuidó su vida, y la mía. Malena fallece un febrero bisiesto probando un plato de su elaboración. El exceso de sal desnucó su orgullo gastronómico y acabó con su vida. Desde entonces, hace ya ocho meses, cocinamos juntos. Todos los días la acompaño de los fogones al fregadero, y del fregadero al horno, y del horno al frigorífico. Y nuestras vidas transcurren entre las verduras y el pescado, entre la cayena y el tamarindo, entre el cardamomo y la canela. Y en cada elaboración ella resucita y yo engaño a mi soledad tratando de huir de esta vida absurda y gris que se abotona cada noche en el ojal de mi memoria para prenderse en la solapa de su ausencia. En la cocina somos nosotros. En un intento de recuperar el tiempo perdido, todas las tardes salimos a pasear. Y la gente, que solo me saluda a mí, no deja de preguntarse por la extraña razón de esta soledad tan bien llevada.

sábado, 10 de septiembre de 2022

AHORA ESTOY PENSANDO EN TI


    Los hombres creemos que las mujeres se pasean por la casa en liguero y sin ropa interior. Creemos que en la bañera restriegan la alcachofa de la ducha por sus labios vaginales hasta que se corren, o que acaban follando con el fontanero que les arregla el grifo para que no gotee. Pero lo cierto es que el día que la lujuria llama a la puerta o no están depiladas, o tienen la regla, o llevan las bragas rotas. O mucho peor: sucias. La noche que conocí a Virginia lucía una minifalda de muselina color rojo, una blusa de franela negra y los zapatos escarpín con empella también en color negro. Recuerdo que cruzamos las miradas. Y nos sonreímos. Y nos presentamos. Y compartimos alcohol, abrazos y besos antes de acabar follando en los lavabos de aquel ensordecedor garito. Y mientras en los retretes contiguos otros hombres aliviaban sus necesidades Virginia gemía de placer, con las palmas de ambas manos apoyadas en los fríos azulejos, y el tanga de encaje acariciándole los tobillos, y la minifalda cubriéndole la espalda. No estuvo mal pues acabamos follando todos los días. Fueron muchos los meses que pasaron hasta que supo que cuando la pensaba al masturbarme, ella tenía los orgasmos más salvajes y placenteros. Y en sitios tan insólitos como la parada del autobús, la consulta del médico o la caja del supermercado. Ocurrió un martes de un caluroso mes de julio.

   -Hoy he pensado en ti -susurraba mientras besaba su nuca.

   -¿A eso de las dos de la tarde? -preguntó.

   -¡Sí! ¿Cómo lo sabes?

   -Lo sé, cariño, lo sé.

Virginia quiso tener la exclusiva de aquel preciado tesoro y decidió que ya no la servía como novio y sí como marido. Pero también desconocía que mi imaginación era mucho más ancha que su sexo. Lo descubrió el día que me excusé para ir al baño mientras toda su familia era testigo del desenfrenado orgasmo que disfrutaba su hermana junto al féretro de su padre.